Son
como diminutos sedimentos que se acumulan en nuestros propios océanos, en esos
mares privados que cada uno de nosotros lleva en su interior. Donde año tras
año, se van posando lánguidamente en su fondo, con tiempo suficiente para que
en su recorrido hasta lo más profundo de nuestro interior, nos dé margen para
registrarlos en nuestra memoria. Algunos de esos recuerdos también se guardan
en nuestro corazón, copiados por si acaso, ya que son muy importantes. Los más
importantes diría.
Se
cree que a las personas muy mayores o con alguna enfermedad, como puede se el
Alzheimer, se les borran totalmente dichos recuerdos, pero no es así, sólo
están perdidos, “extraviados” más bien. Alguien, muy inteligentemente, llamó a
esos extravíos “Lagunas mentales”. Y eso es lo que hace, exactamente, nuestro cerebro con esos recuerdos perdidos.
Traspasarlos desde nuestro océano principal hasta pequeñas y remansadas lagunas
donde los mantiene a buen recaudo hasta que volvamos a recuperarlos. Yo comparo
esos casuales encuentros con la visión de los esquivos arcoiris, aparecidos,
muy de tanto en tanto, con una fuerza y refulgencia que asombra e hipnotiza a
todos los que hemos disfrutado de su espectacular vista.-
-¿Y
para decirnos esto nos has arrastrado ciento sesenta kilómetros en coche
abuelo?-
-No
Billy, para eso sólo no. También para deciros que hoy he recuperado uno de esos
recuerdos perdidos, durante cincuenta años, en mi calmada laguna. Os he traído
para enseñaros esto.-
-¿Un
periódico?.. ¿un periódico viejo?-
-No
es un periódico viejo, la noticia que aparece en él hoy es lo viejo. Esta
mañana, al recogerlo del jardín, he podido contemplar el más bello y espectacular
de los arcoiris que he visto a lo largo de mi extensa vida. Era impresionante y
al acabarse su fugaz aparición y bajar la mirada, me he encontrado con ésta
noticia. La que me ha hecho recuperar un recuerdo que viví cuando tenía a penas
dieciséis años y que mi mente mantenía extraviado. –
-¿Quién
es el de la foto abuelo?-
-Es
Luther James, Mike. El mejor ladrón de bancos de la historia de este país.
Llevaba cincuenta años desparecido y lo han encontrado muerto en un mugriento
parque de Louisiana.-
-¿Y
por qué te ha recordado algo ese tipo, lo conociste?-
-Hasta
hoy no había reparado en el breve encuentro que mantuve con él al entrar a
trabajar en la gasolinera que tenemos delante. Mi primer día de trabajo, en el
único trabajo que he tenido hasta que me jubilé.-
-¿y
qué pasó abuelo?-
-Bueno,
ya os he dicho que fue mi primer día de trabajo. Estaba exultante, motivado y
nervioso. Era la mejor estación de servicio del medio oeste. Todos los
camioneros que transportaban sus mercancías por medio país, paraban aquí por
una u otra razón. Por la estupenda comida de Lussy, por la magnífica y nueva
máquina italiana de café espresso, por la rapidez y la eficacia del taller
donde yo comenzaba a trabajar ese mismo día. Eran muchas las razones por las
que siempre estaba llena de gentes de todas partes. Para mí, la razón que
mantenía todo mi cuerpo en tensión era saber que allí trabajaba la pequeña
Rachel.-
-¿La
abuela?-
-Sí,
vuestra abuela Rachel. La que mantiene todavía mi corazón lleno de esos
recuerdos copiados y grabados a fuego. Esa fue la razón de que estuviera tan
nervioso ese día. Verla a través del cristal de la cafetería cada vez que debía
ir a buscar una de aquellas inmensas ruedas nuevas para reparar algún pinchazo,
daba un vuelco a mi corazón. Y por eso no puse demasiada atención cuando Luther
salió de detrás del taller, sacudiéndose el polvo de sus pantalones, dirigirse
hasta mi, y decirme: chaval, ¿crees en las casualidades de la vida?, y acto
seguido puso un billete de veinte dólares en mi mano, mientras se llevaba su
dedo índice a los labios para pedirme que me mantuviera en silencio. Yo sólo
guardé el billete corriendo en mi bolsillo para buscar de nuevo la imagen de vuestra abuela, mientras él
desapareció por entre los numerosos camiones aparcados…. Y esta mañana, ese
recuerdo saltó de mi calmada laguna hasta mi océano, con tanta fuerza y
espectacularidad como la de ese increíble arcoiris mañanero.-
-¿Crees
qué escondió algo detrás de ese edificio en ruinas?-
Bendita laguna que devuelve al océano mental lo que le pertenece. Me gustó la metáfora y la historia en general.
ResponderEliminarSaludos.
Gracias Alejandra. Siempre me han gustado esas palabras que tienen varios significados según su combinación con otras.
EliminarValga como pequeño homenaje a todas ellas.
Un enorme abrazo.