jueves, 16 de julio de 2015

Me estremecen


Hay muchas cosas que repele mi alma,
Otras, sin embargo, son inasumibles.
Distantes escenas que arañan cercanas,
Y voces etéreas, tan lúcidas como inservibles.

Hay cuestiones que sacuden por faltas,
Otras, sin embargo, por su dura presencia.
Radicales libres en una dulce manzana,
O el valor indomable de la inconsciencia.

Hay disputas que son sorprendentes,
Otras, sin embargo, merecen su espacio.
Las tierras que nunca han tenido descendientes,
Y los derechos, que nunca visten de blanco.

Y hay veces que cargo demasiadas preguntas,
Sin dejarlas marchar, ancladas al cobijo.
Y me estremece su imagen difunta,
Y me estremece, porque nos parió once hijos.

martes, 14 de julio de 2015

Alzar, alzar



Alzar la mano
En el punto sin retorno
Equidistante al viaje 
Imparable del ave
Huyendo del otoño

Alzar la voz
Como último grito
Semejante a la riada
Intensa en su nada
Y su verbo maldito

Alzar la mirada
Cuando el temor consume
Conforme iniciar una guerra
Con nubes que aterran
Y aún rostros que unen

Alzar la prueba
Cuando lo exige la mente
Cuan novela parida
De noches sin días
Palpable y presente.

Alzar, alzar, sin rubor…. ni piedad.

Caminos que andar




Hogar y destino
Llevados y traídos
Entretejidos, sufridos
Entre la humanidad.

De fríos, de sed
De infinitos por qué
Por amor o desdén
Y de simple verdad.

Caminos de vientos
Impuestos, violentos
De tantos recuerdos
Incluso a negar

De regresos insanos
Futuros lejanos
Surcados en las manos
En las mismas que ahogar

De huidas imparables
Retornos negables
De escuchar cuando hable
En su eterno andar

Caminos que anduve
Con miedos que eludes
Bajadas que suben
O de simple caminar

jueves, 9 de julio de 2015

Amanece (Micro)


Amanece otro día ante mis ojos mientras me atrapan aún las imágenes difusas del agradable ensueño. Los retóricos sonidos mundanos llaman a recobrar una nitidez recelosa en mi mente y el calor de la cama atrapa mi cuerpo hacia los recuerdos más amables entre espejismos. Adormilado, paso la hoja definitivamente de mi reconfortable armadura nocturna quedando expuesto a la recia temperatura ambiental. Poco a poco, recupero el rumbo: el mando de esta pesada nave que mantiene aún plegadas sus velas, y de repente….me doy cuenta que no he cambiado la hora, que aún me quedan sesenta minutos… y vuelvo a cerrar despacio el libro y hundo el barco sin miramientos y me pierdo en lo más profundo… z z z z…. 

¡Dios! ¿y si fuera domingo?

miércoles, 8 de julio de 2015

Ciudad, maldita ciudad


Al cielo miraba en busca de sus presas,
hay cientos volando y yo sin trabajo.
Los edificios parecían mirar hacia abajo,
cuando él más sacudía su cabeza.

Vagando por la ciudad, las grietas de las aceras lo guían,
hacia la zona tardía, donde falta humanidad.
Y los toldos de las terrazas le quisieron avisar,
si no para su andar, volverá roto a casa.
Distraído en un escaparate, ellos seguían aventando,
eufóricos, llamando y él continuó adelante

Un parque detuvo su caminar,
y en el centro se apostó.
Alzó los brazos y calló,
mientras la gente paró a observar.

Surgieron risas y aspavientos y él ni se inmutó,
hasta que una piedra cruzó rozando sus pensamientos.
-Quieto, quédate quieto-, se dijo para adentro,
hasta que la segunda tuvo acierto, quebrando su reto.
Medio brazo cayó al suelo y al hacer el movimiento,
hubo tercer lanzamiento, y la última dio miedo.

Los toldos lo vieron pasar
cabizbajo hacia las afueras.
Y tristes quedaron sus telas,
como el viento sin soplar.

El parqué dejó tan atrás, como le alejaron sus temblorosos pies.
Maldita capital, gritó sin detener, ¿por qué no podrá un espantapájaros trabajar en la ciudad?

viernes, 3 de julio de 2015

Ni la lluvia que quemaba


Mientras el segundero avanza,
y el huraño miedo se enquista.
Los ojos muestran prisas,
tras la esquiva esperanza.

Y el Tic Tac engulle sentimientos,
viendo galopar a la razón.
Y por fin vio el rostro del viento,
hacer desaparecer el sol.

Ni la luz, ni el estallido,
ni la carne desgarrada.
Ni las sombras radioactivas,
ni la lluvia que quemaba.

Aquel pescador no construyó sus lágrimas
sintiendo que el mundo se acababa.
Su llanto enmudeció a la palabra,
al ver que su mar se evaporaba.
………………………………..
Moraleja: tantas imágenes de desastres endurecen nuestro corazón, 
y no quisiera que llegara el día… en que lo yermo sea yo.

miércoles, 1 de julio de 2015

Ángel - Microrrelato

Extraída de Google

Hay un amigo que me viene a ver todos los días. Yo lo llamo Ángel. Es mayor que yo, pero su mente solo asumió los nueve primeros años de su vida. Su apariencia no concuerda con su mirada: sensible e inocente. ni ésta con su voz: armada y tronante. A veces trae papeles alborotados bajo el brazo y vocifera su conversación enquistada. La gente que lo escucha volcar su perorata a viva voz, se siente intimidada por su corpachón de bandolero, pero él hace caso omiso, “bueno, ojala pudiera comprender lo que significa esa palabra y desatender los insultos que lo quieren acallar”.

Siempre tomamos café; él cortado, con leche desnatada y un porrón de azúcar: como si fuese el último que tomará en su vida. Es un sibarita que no perdona nunca la formula exacta para servir un buen cortado: un tercio de café por dos de leche. Estoico ante las disculpas del camarero hasta que está a su gusto. Yo me callo hasta el preciso segundo que lo degusta por completo, arrastrando la amalgama dulce final hacía su boca con la diminuta cucharilla. Sé que nunca lo podría tomar estando sólo. Esa liturgia, aromática y empalagosa, la disfruta como lo que es, un niño. Un ritual inaccesible que lo calma del lío arremolinado de su transmutada mente. Luego se va como la última ave migratoria, dejando un vacío difícil de explicar.

Hace un mes me enteré que padece diabetes, desde entonces hemos adquirido otro ritual, el té: verde, con maravillosas frutas del bosque. Y para él, con un porrón de sacarina.